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Necesitamos frustrarnos más…

¿A qué nos referimos cuando hablamos de Frustración?


Se trata de una respuesta emocional que surge cuando las expectativas generadas ante una situación puntual resultan mayores y diferentes a lo que sucede en la realidad.

La frustración en sí misma es una emoción, aunque no de las básicas, lo que nos indica que estará presente en mayor o menor intensidad en nuestra vida cotidiana.


Tomemos un ejemplo: si tenemos el impulso o el deseo de satisfacer una necesidad, de realizar una actividad o tomar una acción y por un determinado motivo no podemos hacerlo u obtenemos una respuesta negativa a nuestra petición y la brecha existente entre lo que yo esperaba y lo que realmente puedo hacer es muy grande allí surgen algunas emociones negativas tales como: ira, decepción, molestia, angustia.

Más allá de su significado técnico, es un término que los Psicólogos solemos utilizar con frecuencia y es que justamente es uno de los aspectos que trabajamos habitualmente con nuestros pacientes, ya sean niños, adultos o adolescentes.

En ocasiones el consultante no detecta su necesidad de trabajar este aspecto y en algunos otros ya lo traen como motivo de consulta principal.


¿Cómo impacta la frustración en nuestra vida?

Este malestar y las emociones negativas que se generan provocan un impacto negativo en nuestra salud, entorno cercano y equilibrio psico-físico, ya que habitualmente el inadecuado manejo de la frustración ocasiona el abandono de metas y objetivos laborales, profesionales y/o personales.

¡Cuidado! La clave no está en evitar la frustración sino en cómo la gestionamos emocionalmente.


Tolerancia a la frustración

Si bien algunas personas son naturalmente más tolerantes que otras, la tolerancia a la frustración se entrena desde que somos pequeños, aprendizaje que en definitiva no cesa nunca.

Durante las consultas de orientación a padres es una de las temáticas más recurrentes; es decir el niño pequeño generalmente presenta una tendencia a llorar y angustiarse rápidamente cuando recibe un “No” por respuesta o no logra resolver algún tema.

Y es allí donde las figuras parentales tienen la oportunidad privilegiada de mostrarle a su hijo cual es la forma adecuada de reaccionar ante la frustración y que justamente es necesario aceptar ese no por respuesta o en el caso de un problema a resolver, se precisa PARAR, PENSAR Y ACTUAR, recomendación terapeútica que por supuesto resulta válida también para adolescentes y adultos.

En ocasiones, desde la familia se busca evitar todo tipo de frustración o malestar en los niños y adolescentes, cuando en realidad es de esos momentos que se aprende y se genera mayor fortaleza, seguridad y autoconfianza.

Soy una convencida de que las pequeñas frustraciones diarias son las que forjan la personalidad, siendo uno de los aspectos que favorecen una autoestima equilibrada.

Sin ningún lugar a dudas, actualmente necesitamos más seres humanos tolerantes a la frustración, a un “NO” por resuesta, al cambio, a lo nuevo, a la incertidumbre…


Beneficios de una Alta Tolerancia a la Frustración:

Se trata de una habilidad para la vida, de la cual se aprende a:

  • Controlar impulsos

  • Manejar la inmediatez

  • Gestionar la necesidad de satisfacción inmediata

  • Ser más seguro, confiado en sí mismo

  • Ser tenaces y persistentes en nuestros objetivos y metas

  • Ser autónomo e independiente

  • Tomar decisiones adecuadas en tiempo y forma

  • Ser realista y mantener el juicio con la realidad

¿Cómo trabajar una Baja Tolerancia a la Frustración?


Aquellas personas que son incapaces de tolerar la frustración presentan una marcada tendencia a querer que todo se haga a su manera, a sentirse dueños de una verdad absoluta y dogmática, así como también a realizar exclusivamente actividades que son de su agrado, dejando de lado aquellas con las que no se sienten cómodos o les generan malestar importante.


Ejercicio Práctico:


Te recomiendo el siguiente ejercicio para comenzar a entrenar tu tolerancia a la frustración, te vas a sentir mucho más empoderado, autónomo y equilibrado emocionalmente:

  1. Selecciona 3 actividades que no te gusta realizar o que presenten cierta dificultad para tí y que hasta el momento las hayas evitado, postergado o delegado en alguien más.

  2. Arma una lista comenzando por la que te resulta más fácil de realizar, finalizando con la que mayor frustración te genera.

  3. Elegí 3 días en la semana ( ej: lunes, miércoles y viernes) para comenzar a poner en práctica cada una de ellas. (una actividad por día, según el orden de tu lista)

  4. Repetí esta secuencia (si es posible para ti) durante 3 semanas

  5. Evalúa cómo te sentiste llevando a cabo estas acciones u actividades. Luego de hacerlas repetidamente ¿tu frustración fue tan grande? ¿Lograste regular esa frustración?

  6. Seguramente, vas a notar que no fue tan terrible hacer esas cosas que tanto te frustraban.

  7. Toma este ejemplo como modelo e incorpóralo en tu vida cotidiana, vas a notar la diferencia.

Te invito a perder el miedo a la frustración, no es una enemiga sino por el contrario es una aliada al momento de gestionar nuestras emociones y enfrentar la vida asertivamente.

Somos la sociedad de la satisfacción inmediata, del miedo al aburrimiento, de la incapacidad para decir” No”, de la dificultad para poner límites.

Es saludable frustrar (en un rol parental) y que nos frustren, es la vida misma…


Contáme que te ha parecido esta herramienta, y como te ha ido con la práctica…

¡Mucha suerte!


Con cariño,

Sabina







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